
Llevas toda la razón del mundo, me falta valor, valor para decirte lo que siento, valor para enfrentarme a la realidad, sincerarme y asumir todas las consecuencias pero es que no puedo. Cada vez que te miro a los ojos es como si me acorralaras y empezaras a leerme la mente, odio ser tan transparente para ti, aunque en el fondo mi deseo es que conozcas el secreto que tantas veces has querido descubrir.
Ultimamente he optado por mandarte indirectas y hacerte insinuaciones que puedan ser ocultadas por el manto de la amistad aun sabiendo que corro el peligro de que tires de ese manto y descubras el pastel. Entonces es cuando me entra el miedo al pensar en la posibilidad de que al conocerlo empieces a marcar distancias y a alejarte más y más. Se que más tarde o más temprano pasará asi que por eso prefiero disfrutar cada segundo que pase contigo. Como odio resignarme pero no me queda otra posibilidad.
Luego está el problema de que no se como tratarte y es cierto que tengo que asumir las culpas, yo te he dado las alas que te han colocado tan alto y tan lejos de mi y ahora te has escapado de mis manos y no se como hacerte regresar. Encima me enfado conmigo misma porque no se ver tus esfuerzos y solo me puedo quedar con lo negativo. Creo que sé porqué es... los grandes complejos que tengo y mi capacidad para ver las cosas negativas sobre las positivas es lo que mata nuestra amistad.
En el fondo también conozco varias respuestas a este problema: decirte todo lo que siento y ser totalmente clara contigo o coger la confianza que necesito contigo para lo que necesito tiempo en común entre tu y yo, lo sé, algo imposible, algo que no soporto que sea así. Pienso que seguramente si habláramos tanto como lo hago con otras personas te podría confesar más cosas, muchas más cosas.
Hoy me has dicho que en el fondo soy (traduciendo) una cobarde, y puede que desde un punto de vista pues sí que lo sea pero por otro no estoy de acuerdo contigo porque le echo valor para mirarte a los ojos, para intentar hablarte con toda la sinceridad posible y contarte mis sentimientos sin dirigirlos hacia tu persona, por echarle valor y hacerte confesiones con el peligro de decir algo que me delate o que simplemente mis ojos hablen sin mi consentimiento y empicen a brillar mirándote así de una manera peculiar...
Creéme, algún día podrás sacar tú tus propias conclusiones, ahora dejate llevar


